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domingo, 2 de octubre de 2011

Confesiones

-condenamos los crimenes que haz echo, como su unica sentencia la muerte Elizabeth Hempstock y a su complice Leonardo Bynes en todos estos asesinatos-Leo hizo una mueca, al parecer no le gustab que dijeran su nombre completo ni a mi, pero teniamos que segui la farsa y escuchar y escuchar-y a Elena Eastwood que despues de todo estuve presente en todos ellos, ¿algo que agregar?-Leo y yo nos miramos
-no tenemos nada que decir, fue divertido, ¿veo muchas rubias por aqui señor juez? sabe que no me agradan y para eso las trae a todas, acaso quiere verlas morir?-el juez carraspeo incomodo, las personas en el lugar temblaron de miedo en especial las ya mencionadas, vi de reojo vi a Elena negar divertida con la cabeza, asi paso otra hora en la que tenia que fingir pero al final la espera valio la pena, mi pregunta favorita
-¿como se declaran los acusados?-me limite a sonreir mientras Leo contestaba por mi  
-culpables-al mismo tiempo que ambos rompiamos las pesadas cadenas que nos sujetaban, ya solo se escucho el crujir del metal y el sonoro ruido que hicieron al caer al piso, una exclamacion general los dejo a todos paralizados
-todos los del ministerio estan corrompidos pero nadie me creyo, yo solo hice lo correcto al eliminarlos y acabar a quienes no merecian seguir viviendo-Elena camino lentamente hasta nosotros, Leo destrozo las cadenas que la mantenian prisionera claro que ella no lo resistia tanto como nosotros-asi que su señoria, yo fui, yo fui la que causo el incendio en San Mungo, fui yo la que asesino a esos estudiantes y a su personal, y si, fui yo quien mato a Reneesme Cullen, sabian que su cabeza esta colgada en mi pared como trofeo, se ve genial ahi, en especial junto a las demas cabezas de los Cullen-ahora si los tenia en donde queria, completamente aterrorizados-si, definitivamente se necesitara mucho mas que esto-señale las cadenas-para detenerme, nos vemos su señoria, maravilloso jurado e imcopetentes que desean verme muerta, hasta pronto-hice una pequeña reverencia, Leo y Elena se acercaron a mi-hasta pronto-dije sonriendo con malicia mientras una extensa nube de humo negro cubria la sala entera y de un segundoa otro noosotros desapareciamos de la sala, dejando atras confusion, furia y sobretodo miedo puesto que acaba de confesarles lo que temian escuchar y despues de todo sin ser sorpresa ellos no pudieron atraparme

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